¡Se me ha averiado el coche!

Y justo en el peor momento. Recién acabo de dejarme una «pasta» considerable en cambiar el frigorífico, que también se había estropeado, y parece que este mes el objetivo de ahorro se ha ido al garete… Pero son gastos que no se podían prever, ¿verdad?

Algo se nos escapa cuando hablamos de gastos esporádicos. Poco sabemos de ellos más allá de que siempre aparecen para ponernos el mes patas arriba. Generalmente conocemos nuestros gastos recurrentes —esos que se repiten todos los meses— como la hipoteca o el alquiler, la comunidad, la luz, etc. También nuestros gastos diarios como la comida, la gasolina, el ocio y demás. Pero son los gastos esporádicos (esos gastos «por sorpresa») los que nos descuadran el Excel y dan al traste con toda la planificación que tan cuidadosamente habíamos preparado. Porque además este tipo de gastos no suelen ser baladíes y habitualmente nos dejan con un agujero importante en nuestro plan mensual, o incluso anual.

La cuestión principal aquí es: ¿son realmente tan impredecibles estos gastos esporádicos? ¿Podemos hacer algo para incluirlos en nuestra planificación de gastos y que el daño a nuestro planning sea menor?

La respuesta es que, hasta cierto punto, estos gastos son perfectamente predecibles y también —con una buena gestión económica— igualmente asumibles.

Sin ninguna duda lo peor de este tipo de gastos no es que nos dejen con la cartera temblando, sino que se presentan sin previo aviso. Si esto no ocurriera podríamos tener un fondo de reserva para este tipo de casos y nuestra economía no se vería tan afectada como en caso contrario. Pero como no sabemos cuándo van a ocurrir no podemos destinar una cantidad fija de dinero a solucionar este tipo de embrollos. ¿Verdad?

Mentira.

Mentira por dos motivos. El primero es que siempre se puede guardar una cantidad de dinero para estos imprevistos. Puede que no sepamos a ciencia cierta la cantidad exacta, pero haciendo un repaso de lo que tenemos y que se puede estropear podemos obtener sin mayor problema una cifra con la que sentirnos cómodos. Al fin y al cabo mucha casualidad sería que se estropeara absolutamente todo a la vez.

El segundo motivo es que no podemos prever exáctamente cuándo se van a estropear las cosas, pero sí podemos saber que lo van a hacer y prepararnos para ello. Un coche con diez años es muy probable que nos de una o dos visitas importantes al taller al año. Con quince probablemente deberíamos empezar a plantearnos establecer un colchón para la compra del próximo vehículo, ya que puede durar otros quince… o puede que nos deje tirado en cualquier momento y la reparación sea más costosa de lo que realmente vale el coche. No sabemos cuándo se nos va a estropear el frigorífico, pero cuantos más años tenga el aparato más presente debería estar su posible sustitución en una previsión de gastos esporádicos. No sabemos cuándo nos van a pasar estos eventos, pero lo que sí sabemos es que nos van a pasar, y que cuanto más tiempo tenga el aparato en cuestión más debemos tenerlo en mente para un futuro arreglo o sustitución. Y ahorrar debidamente para ello. Porque el auténtico problema de estos gastos no es que ocurran, sino que nos pillen desprevenidos. El «daño» a la cartera va a ser el mismo en principio; el del taller no nos va a cobrar menos por haber previsto con meses de antelación que podíamos tener un problema en la caja de cambios… pero de esta manera conseguiremos por un lado que la cantidad se «note» menos, amortizándola a lo largo de meses o años en vez de de una sola vez, y por otro lado no tener que pedir un préstamo al consumo para poder desfacer el entuerto, con la consiguiente alegría del banco que estará encantado de cobrar sus buenos intereses —y que en este tipo de préstamos pueden dejarnos más agujero incluso que el de la propia avería—.

Así que ya tienes deberes. Piensa en todas aquellas cosas (y no solo aparatos, una visita al dentista puede estar perfectamente englobada en este tipo de «sorpresas») susceptibles de poder sufrir una avería de un importe considerable en los próximos meses y empieza a ahorrar para que cuando lleguen, que llegarán, tú ya las hayas pagado de sobra sin tener que subsistir a base de arroz el resto del mes 🙂


 

Creemos que los gastos eventuales son esporádicos, pero lo cierto es que anualmente una parte importarte del dinero se va en gastos de este tipo.

No sabemos poner nombres y apellidos a estos gastos pero siempre se presentan en una y otra forma.

Generalmente conocemos nuestros gastos recurrentes, esos que se repiten todos los meses, como la hipoteca o el alquiler, la comunidad, la luz, etc.

También nuestros gastos diarios como la comida, la gasolina, el ocio, etc.

Cuando empiezas a apuntar y sumar este tipo de gastos, te das cuenta de que suponen una partida mucho más grande de lo que te podría parecer.

Puedes detectar también que algunos de estos gastos que consideras eventuales son en realidad recurrentes y por tanto puedes contar con ellos en el presupuesto.

Es importante contar con ellos y tener un fondo de reserva para cubrirlos, ya que son gastos que en ocasiones podemos necesitar cubrir con urgencia y si no contamos con el capital necesario podemos incurrir en deuda rápida (financieras, altos intereses… [aquí se podía meter un enlace a otro artículo sobre este tema])

 

 

 

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