El cambio ha estado presente en mi vida desde que tengo memoria.

Muchas veces aparece como algo tan natural como que la ropa de niño deje de valerte de adulto. Simplemente porque creciste.

Ocurre lo mismo a medida que te vas conociendo. Encuentras que hay cosas que tuvieron su lugar, pero que ya no lo tienen.

A veces aparece como respuesta a una necesidad de adaptación a una nueva situación. Algo cambió en el entorno y debes amoldarte.

Y también a medida que vas incorporando nuevos conocimientos. Conocimientos que contrastan con lo que tú conocías y que una vez escuchados te llevan a cuestionar la que hasta ahora era tu verdad.

El cambio como rutina

Si no estás acostumbrado, el cambio puede dar cierto vértigo. Además, como bien indica el refranero popular:

Mejor lo malo conocido, que lo bueno por conocer

No tengo ningún recuerdo sobre mi primer cambio de colegio. Quizás era demasiado pequeña para tener expectativas de lo que debería o no debería ser. Después de ese, vinieron cinco más. A veces por necesidad, a veces por gusto, a veces porque simplemente la no aversión al cambio te da libertad para descubrir.

Cuando el cambio se combierte en rutina, se abre un mundo de posibilidades a tus pies. Se relajan las expectativas, porque si algo no funciona se probará otra cosa. Se relativiza el éxito y también el fracaso, porque se reconoce lo cambiante de la naturaleza de todo.

¿Para qué cambiar?

Dicen que el ser humano se mueve por dos motivos:

  • Huir del dolor
  • Acercarse al placer

Diría que existe un tipo de personalidad que encuentra placer en investigar, en curiosear, en cuestionar y en descubrir. Una personalidad apasionada por conocer, aprender y evolucionar. Una personalidad que se ahoga en la inmobilidad y busca una salida.

Si estás leyendo esto, es probable que estés buscando un cambio en tu vida. Y para que ese cambio pueda darse, es esencial que sepas para qué quieres cambiar. Cuál es el objetivo. Ya que esa será la fuerza que momerá el cambio.

Cambio reactivo vs Cambio proactivo

La diferencia entre verse obligado cambiar y buscar el cambio es fundamental a la hora de afrontar los cambios. La actitud es muy importante en este punto. Cuánto de dispuesto estás a que ese cambio se dé, tenga lugar, y permitir que modifique mi entorno, mis circustancias o lo que yo soy o pienso.

Hace una semanas leía una noticia en la que una persona hablaba de que el teletrabajo estaba sobrevalorado. Era una persona con un bar en una zona de oficinas, y reclamaba en mitad de la pandemia que los oficinistas volvieran a las oficinas. Me imagino a un dueño de un videoclub hace años diciendo que Internet estaba sobrevalorado y que la gente debería quedarse en el VHS para siempre.

Cuando la actitud no es la correcta, la fase de negación puede alargarse en exceso y puedes quedarte completamente fuera de juego si no reaccionas a tiempo.

Si ves que lo que haces no funciona, sé humilde, acéptalo y promueve el cambio.

¿Sientes que es el momento de cambiar?

Cuando el cambio viene impuesto desde el exterior, muchas veces parte desde una actitud de rechazo. Incluso si el cambio es a mejor, puede venir de la mano de la desconfianza.

A veces solo notas que algo falla, pero no estás seguro de qué es exactamente y no sabes cómo abordarlo. Como cuando huele a quemado y no sabes qué es lo que está ardiendo.

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